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Cristo
de Mayo
El Cristo de Mayo, en este
momento guardado luego de su restauración,
es la primera escultura colonial chilena de autor
conocido, y una de las mayores reliquias religiosas
del país. Es de madera policromada y fue
tallado por el agustino Pedro de Figueroa a principios
del siglo XVII. Pertenecía a doña
Catalina de los Ríos y Lisperguer, quien
se lo regaló a los Agustinos diciendo que
no quería "hombres que la miraran
feo en su casa". La Quintrala, que fue enterrada
en la iglesia, donó parte de su fortuna
para financiar la procesión de la imagen
por el centro de Santiago, rito que se celebra
cada 13 de mayo, y que este año incluirá
una misa solemne por la reapertura del templo.
Historia de los Agustinos
La fundación del Convento
de las Agustinas en Chile se remonta al siglo
XVI. Fue la primera institución religiosa
de mujeres de la ciudad y se creó para
albergar a las viudas e hijas de los conquistadores
caídos en la Guerra de Arauco. Los terrenos
para el Monasterio fueron donados por el Cabildo
y por Don Antonio González Montero. Junto
con autorizar la creación, el Cabildo aportó
los recursos necesarios para que se iniciara la
construcción de los edificios e iglesia,
para lo cual también contribuyó
su fundadora, doña Francisca, donando toda
su fortuna. El convento ocupaba dos manzanas comprendidas
entre las actuales calles Ahumada, Agustinas,
Bandera y Alameda.
La primera iglesia que se
construyó estaba emplazada en Ahumada con
Agustinas y fue destruida por el terremoto de
1647. La segunda iglesia que se construyó
era de mejor calidad que la anterior. El templo
constaba de una nave de gruesos muros, sólida
y sencilla, coronada por un sólido torreón;
tenía una valiosa decoración, donde
destacaban numerosos cuadros de la escuela quiteña,
un Cristo de cristal de roca y hermosas piezas
de plata. El terremoto de 1730 destruyó
por completo esta iglesia y todos sus elementos
de ornato, debiendo trasladarse las monjas a una
casa cercana. Las nuevas construcciones del monasterio
fueron más sencillas, debido a la falta
de recursos. El traslado de la Congregación
a la calle Moneda se produjo a la apertura de
ese tramo de la vía en 1850, la que obligó
al convento a reducirse a la manzana comprendida
entre Moneda, Alameda, Bandera y Ahumada. En 1852
el monasterio vendió la mayoría
de sus edificios y terrenos, conservando en la
parte sur el terreno para la construcción
de la iglesia.
El templo actual empezó
a construirse en 1857; los oficios litúrgicos
se iniciaron en 1871. La obra fue proyectada y
construida por el arquitecto italiano Eusebio
Chelli. La iglesia pertenece a la arquitectura
de estilo neoclásico que floreció
en el país en el siglo XIX. Posee una planta
compuesta por tres naves paralelas; la central
es más ancha y de mayor altura que las
laterales, de las que se separa por una arcada
compuesta por tres arcos de medio punto. En el
interior destaca un púlpito del siglo XVIII
de estilo barroco bávaro, elaborado por
los jesuitas en el taller de Calera de Tango.
En 1921 el templo fue donado al Arzobispado, el
cual fue restaurado después del terremoto
del 1985.
Cuando Claudio Cortés
visitó los Agustinos para su primera evaluación,
vio que la firma de las pinturas de la bóveda,
escondida por el tiempo y el smog, era de Benito
Rebolledo Correa, y fechada en 1926.
Se trata de una faceta desconocida
del maestro, popular por las escenas cotidianas
que caracterizan al impresionismo. No sólo
el tema es novedoso en su obra, sino también
las dimensiones, que exigen otra técnica:
trazos largos para que el ojo los defina a 18
metros de distancia.
Cortés trabajó
para limpiar 32 escenas en óleo sobre tela,
que muestran a los evangelistas y la vida de San
Agustín.
El templo de los Agustinos se ubica en Moneda
Nº 1054. Santiago de Chile.
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