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La iglesia Nuestra Señora
de Gracia más conocida como San Agustín
reabrirá sus puertas este 13 mayo, fecha
en la que se celebra la procesión del Cristo
de Mayo, una manera de agradecer la culminación
del proyecto de restauración de la segunda
iglesia más antigua de Chile y de la imagen
religiosa que la Quintrala entregó a los
Agustinos. Por fin sus visitantes podrán
apreciar el santuario tal como lo hicieron los
feligreses durante los primeros años de
la República.
Tras
un año de intenso trabajo de restauración,
arquitectónico e ingenieril, un equipo
encabezado por el arquitecto Cedric Purcell y
conformado también por los expertos en
restauración de obras de arte y monumentos
Hernán Ogaz y Claudio Cortés, ha
realizado un verdadero trabajo de joyería;
tanto en lo estructural, basándose en los
planos originales del templo construido en 1608
por el arquitecto peruano Luis Fernández,
como en la restauración de todo tipo de
elementos decorativos: pinturas, maderas, vitrales
y estatuas, entre ellas el famoso Cristo de Mayo.
La fundación del convento,
creado para acoger a las viudas e hijas de los
españoles muertos en el frente de Arauco,
fue aprobada en 1571, ocupando terrenos donados
por don Antonio González Montero. Han pasado
433 años y los terrenos agustinos aún
conservan su historia intacta. Por eso a partir
de este mes visitar el templo constituirá
una oportunidad única para advertir la
evolución de la arquitectura y del diseño
decorativo en los templos chilenos.
Ogaz y Cortés, los
especialistas en restauración, relatan
que el decorado de muros y la ornamentación
son de estilo neoclásico, correspondiente
a los arreglos que realizaron Santiago Eastwood
y Fermín Vivaceta a fines del siglo XIX.
Gracias al buen estado de la Sacristía
y a fotografías de la época, se
encontró la clave para devolver al templo
ese espíritu que ocultó el original
barroco.
"El Barroco se asociaba
con el Realismo de los monarquistas españoles,
enemigo del espíritu independentista de
la época. La gente que entre ahora al templo
lo encontrará como lo hacían los
fieles de los primeros años de la República",
explica Ogaz.
Secretos
develados
En la parte trasera de la
nave se observa mampostería y sillería
al descubierto, además de relleno de barro
mezclado con pelos de animal, tal como se construía
en el siglo XVII. Ahí se ve la piedra viva,
incluso con las grietas provocadas por el terremoto
de 1647, el que habría movido la corona
de espinas desde la cabeza al cuello del Cristo
de Mayo.
Los expertos no sabían
que el templo guardaba este secreto. Ogaz reconoce
que éste ha sido su hallazgo más
emocionante, y enfatiza que, aparte de la Iglesia
de San Francisco, este es el único lugar
donde puede observarse con claridad estas pretéritas
técnicas constructivas. También
partes del acabado mantienen técnicas barrocas,
con una mezcla de cal y polvo de mármol
cuya propiedad de reflejar la luz es mejor que
la de un vulgar estuco.
La luminosidad será
una sorpresa para los visitantes. Las remozadas
paredes ofrecen colores brillantes, más
visibles gracias a un vitral también restaurado
en el techo, y con un trabajo de diseño
de iluminación especial para resaltar las
pinturas de la bóveda: 32 escenas religiosas
encargadas al maestro del impresionismo chileno
Benito Rebolledo Correa.
continúa
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