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En el desorden gubernativo en que vivimos
nadie puede extrañarse que el Centenario
nos halle desprevenidos. Mucho se ha escrito,
mucho se ha hablado, pero se ha hecho poco.
Por lo demás, la anarquía
de las ideas no puede producir sino resultados
como estos. La cosa ha llegado al extremo
de haberse pensado en la postergación
del Centenario. Ha sido necesario un pronunciamiento
del senado para que no se hiciera la postergación.
Pero no nos equivoquemos: no se opuso el
senado a esa idea porque las invitaciones
al mundo entero ya habían sido dirigidas;
en buenos términos, porque ya no
se podía volver atrás. Por
casualidad puede figurar en las fiestas
de esa fecha la inauguración del
Palacio de Bellas Artes: ha tocado la coincidencia
de que el edificio quede concluido entonces.
Sin embargo, ni aún eso anda a las
derechas. Para poder inaugurar en septiembre
el palacio, hay que trabajar incesantemente
de día y de noche, hay que pagar
a los operadores el duplo o el cuádruplo
del jornal acostumbrado, hay probablemente
que sacrificar la perfección de algunos
detalles al plazo angustiado del que se
dispone.
Ese palacio habrá de ser el centro
de muchas fiestas: será lo mejor
que tengan que ver los delegados en todo
el programa del Centenario. Sin embargo,
nada se ha hecho aún para darles
aspecto y limpieza a la plaza adyacente
a los edificios que miran al palacio. Es
difícil -casi imposible- arreglar
todo eso en dos meses; años, pero
que en nuestra impresión de musulmanes
hemos dejado como de costumbre para última
hora.
El Diario Ilustrado,
Santiago, lunes 18 de julio de 1909.
(1) Categoría
ratificada por la Municipalidad de Santiago,
a través de una encuesta realizada
a un universo de 250 mil personas en 1999.
(2) Lisette Balmaceda. El Museo de Bellas
Artes (tesis), Santiago, Universidad de
Chile, Facultad de Bellas Artes, 1978, pág.
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