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En el lugar sobre el cual a comienzos de
siglo existió el lodo, el desecho
y los escombros que los habitantes de la
ciudad despojaban, ahora existe "la
obra arquitectónica y urbana más
destacada del siglo"(1). Se trata del
Museo nacional de Bellas Artes, un espacio
de estilo neoclásico francés,
que surgió ante el requerimiento
de un lugar adecuado para el desarrollo
artístico del país y ante
la necesidad de construir un símbolo
perdurable, como parte de las celebraciones
del centenario de nuestra Independencia.
Los terrenos baldíos que quedaron
luego de los últimos trabajos de
canalización y relleno del río
Mapocho, en su ribera sur en 1892, fueron
los escogidos para el levantamiento de la
escuela y el Museo de bellas Artes. Según
Alberto Mackenna, la superficie escogida
(de 24 mil metros cuadrados) era un espacio
"destinado al cachureo, en el cual
se confundían los perros vagos, los
puercos en busca de desperdicios y las mujeres
del pueblo que ganaban la vida en esa tarea
tan baja (...)"(2).
Mirando Hacia París
En aquellos años gran parte
de los futuros arquitectos chilenos aspiraban
a estudiar en la "ciudad de la luz"
para conocer las técnicas más
modernas y apreciar desde su cuna el estilo
que más agrado ejercía en
las autoridades y habitantes de Santiago.
Consecuentes con esta premisa y ante el
advenimiento del Centenario de la Independencia,
el Estado de Chile convocó a un concurso
internacional para la edificación
del Museo; el jurado -integrado por Rafael
Errázuriz, Augustín Matte,
Juan Luis Sanfuentes y Ramón Subercaseaux-
favoreció el proyecto presentado
por Emilio Jecquier, arquitecto titulado
en la escuela de Bellas Artes de París.
Haciendo eco del guto de la época,
Jecquier tomó el recorrido interno
y la fachada principal del Museo Petit Palais,
de la capital francesa. En relación
a su aporte una nota de la revista Zig-Zag,
publicada el 30 de julio de 1905, señalaba:
"nos ha traído una nota de refinamiento,
de esa exquisita elegancia clásica,
pasada a través del gusto moderno,
que está haciendo furor en París
la ciudad más artística del
mundo".
La consecución de esta empresa
exigió del gobierno el aumento sustantivo
de los fondos asignados inicialmente. El
presupuesto que en 1905 fue de $495.310
de la época se elevó, al concluir
el proyecto, a $22.100.000, pues los costos
de la edificación fueron incrementándose
a medida que la obra se desarrollaba. |