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El sello de DICAP
Si las peñas eran
el espacio para la música viva, el sello
disquero DICAP (Discoteca del Cantar Popular)
fue el nombre que acogió sus registros.
La etiqueta surgió en 1968 -originalmente
bajo el nombre "Jota Jota"- como el
cauce alternativo por el cual distintos intérpretes
pudiesen canalizar aquellas composiciones que
sus propios sellos consideraban excesivamente
ideologizadas, y terminó convirtiéndose
en un privilegiado catálogo del espíritu
creativo de la época. Su primera publicación
fue "X Vietnam" (1968) de Quilapayún,
saludo al Noveno Festival Mundial de las Juventudes
Democráticas en Bulgaria.
Como no era una disquera tradicional, DICAP funcionaba
según un sistema bastante peculiar. No
había fines de lucro, sino que las ganancias
quedaban para la dirigencia del Partido Comunista,
el que servía tanto de financista de cada
proyecto como de ente regulador de los criterios
artísticos del sello. Ello explica la ortodoxa
similitud en el mensaje incluido en estos LPs
y la casi total ausencia de elementos musicales
ajenos al folclore o la canción de protesta
(una rara excepción es el primer disco
de Los Blops, "Blops" de 1970).
Pero esa rígida estructura también
tuvo sus ventajas. Gran parte de las carátulas
de los discos publicados por DICAP fueron ilustradas
por los hermanos Vicente y Antonio Larrea, dupla
que unía a un destacado diseñador
y otro importante fotógrafo, abocados a
la gráfica de los álbumes como si
se tratase de todo un concepto audiovisual unitario.
Sus diseños surgían de una conversación
directa con los músicos. El logotipo del
sello (un pájaro sobre seis cuerdas de
guitarra) se inspiró en el cartel oficial
del festival estadounidense de Woodstock. "El
disco tiene que cumplir una función audiovisual",
era su opinión. Su estilo desdeñaba
las imágenes pulidas de las carátulas
comerciales en pos de un trabajo con fotografías
"quemadas" y colores planos, similares
a los de una serigrafía e innegable vinculación
con la estética pictórica latinoamericana
que entonces imponía gente como el ecuatoriano
Oswaldo Guayasamín. El trabajo de los hermanos
Larrea puede encontrarse estupendamente editado
en el libro "Rostros y rastros de un canto",
publicado en 1997 y con textos del poeta Jorge
Montealegre, el cual recrea con viveza el espíritu
de la Nueva Canción Chilena.
Hasta el Golpe de Estado de septiembre de 1973,
DICAP alcanzó a publicar más de
sesenta discos, registrando parte del catálogo
de los principales nombres del movimiento y llegando
a controlar alrededor del 30 por ciento del mercado
discográfico chileno. Días más
tarde, sus oficinas de calle Sazié fueron
violentamente allanadas y gran parte de sus masters
incautados y posteriormente destruidos. Hasta
1982, la etiqueta continuó funcionando
con oficinas en París y posteriormente
Madrid, si bien pocas de esas nuevas ediciones
lograron traspasar el cerco de censura impuesto
en Chile por los militares. La fundación,
en 1976, del sello Alerce -a cargo de Ricardo
García y Carlos Necochea- permitió
prolongar localmente el espíritu de independencia
y agitación cultural concebido por el sello
en sus orígenes, y que tan importante resultaría
para el Canto Nuevo e incluso propuestas rock
y hip-hop durante los 90.
- El sello Dicap
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