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Este libro, es la prueba del
porte de nuestra Catedral, que nos indica que
la asociatividad entre la empresa privada y el
mundo intelectual es posible, respetando la identidad
y autonomía de ambos. Que en estas alianzas,
el único favorecido es la comunidad que
tendrá hoy buena parte de su historia valorada,
impresa y difundida.
Quiero agradecer, a nombre
de todos los autores de este libro, en forma muy
especial a don Tomás Keller por haber creído
y confiado en este proyecto; a Cecilia García-Huidobro
por su constante aliento; a Beatríz García-Huidobro
por su picaneo de todos los días, correo
electrónico, telefonazo y llamadas telefónicas,
que no es lo mismo.
Terminar diciendo a nombre
de la comunidad iquiqueña, que lo ocurrido
hoy con la presentación de este libro ha
de quedar inscrita en su historia como un hito
cultural, pocas veces visto. Como dijo el Hijo
Ilustre de Iquique:
Ocurrió entonces que
alguien soñó con un país
donde los "ríos-serpientes",
bajarían al mar desde los volcanes sagrados,
y se apresuró en indicar el lugar, en el
centro mismo de su universo, tutelados por todos
sus Dioses y caminaron hasta alcanzar la orilla
de un arroyo en cuya leve elevación vieron
que las dunas se arrodillaron a los pies de su
Señor.... Allí, tomó una
caña y marcó el sitio donde radicaría
primero el adoratorio, luego trazó las
casas, una al lado de la otra, y seguido de sus
súbditos fue señalado en donde la
siembra, en donde el taller, en donde los muertos....
y mirando a la tierra enterró suavemente
su caña bajo una placa de piedra en lo
más alto de la colina. Un tiempo después
allí se dispuso su cuerpo rodeado de maíces
y conchas del Pacífico, porque cuentan
que fue así como el Señor de los
Desiertos creó sin saberlo la más
bella palabra Patrimonio...
Dr. Lautaro Núñez
A.
Valle de Quisma, 29 de agosto de 2001.
Muchas Gracias
Bernardo Guerrrero Jiménez
En la Primavera iquiqueña
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